Interminable ayer

Un viejo bote cansado de navegar, dejaba que los cangrejos de la orilla descascararan poco a poco su barriga. Era la fragmentada dudosa certeza de un fin deseado y aceptado, pero a la vez con la última esperanza de que la soga de condenado partiera inesperada por lo más fino, aunque fuera solo para regalarle algunos añadidos minutos de carrera en alta marea, antes de que el sol lo acribillara a tiros. La decapitada serpiente en la proa, de cuerpo firme como en su primer día en la frente del tardío faraón, orgullosa representaba la milenaria herencia de un Egipto en ruinas. Con la poderosa metáfora del dios crucificado había cruzado el Pacífico, en la certidumbre de una gloria que acabó la lanza del indio. Perdido en el capricho de los vientos fue que llegó hasta aquí, donde la falta de cualquier otra embarcación le hacía idealizar los días de puerto ocupado, repleto de todos los similares que iban y venían, en especial aquella bella transportadora a la que lleno de felicidad decidió seguir, para acompañado, con el tiempo terminar sintiéndose que navegaba solo. La misma historia de su creador, aquel carpintero de ribera que a diario llegaba al astillero solo, derramándole el monólogo de la casa de donde era, que aunque llena, ya ni desayuno le servían. Había terminado como el, que por razones desconocidas, aún navegaba para aquella hermosa barcaza que cercana era distante, y que en un breve día le floreció la vida. A lo lejos presentía la fogata, ofreciendo cínica su calor. Cuando los niños a su alrededor, corrieron a desmantelarlo, para a su alegría de candelas seguir alimentando.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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