Desiderium novae clavis

La multiplicidad de voces no es tal, cuando todas dicen más o menos lo mismo. Un agobiante proceso de convergencia que amenaza una vida que es capaz de persistir, solo evolucionando sobre la mutación, el novedoso ángulo que propone la inesperada salida al estancamiento que todos pretenden saber resolver, repitiendo lo ya harto dicho; la insistencia como preámbulo a la extinción.

Para cuando los sumerios escribían su lenguaje en tablas de arcilla, cinco mil años atrás, los glifos que los griegos-macedonios grababan en madera tenían ya dos milenios de antigüedad. Pequeña novedad que imprevista, determina aún nuestros días, muy probablemente incluyen el hecho de que todavía estemos aquí. Sin embargo lo escrito ha llegado a un punto de saturación que lo ha hecho ineficaz y, atrapado en una viciosa circularidad de argumentos y contraargumentos comprometidos a no ceder, crean un paralización que exige a gritos el rescate de una nueva manera de pensar y comunicarse. En otras palabras, el necesario final de la letra como la conocemos, y la apertura a algo que aún no podemos estar seguros de lo que es, pero sí entendemos que no se encuentra en el pasado, ni much menos en el presente. Algo que la hiperactividad del conocimiento acumulado, destilado hoy por la inteligencia artificial y agotando así la grafía, abre el terreno desierto para que la expectativa se satisfaga súbita, en lo necesariamente diferente, llevándonos a un plano de comunicación y reflexión nunca antes alcanzado; un nuevo canon.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

Leave a comment