
Las divisiones son infinitas y, a menos que demos el salto, sabiendo de antemano lo que hay al final, jamás llegaremos sumando uno a uno los pedazos.
El paso del tiempo disminuye con la gravedad. Los relojes corren más lentos sobre el nivel del mar que en la montaña, y el centro de un agujero negro la situación es tan dramática que si miramos hacia afuera de la singularidad, veríamos el futuro de nuestro universo, quizá hasta su final. Imposible así determinar la edad absoluta de nada, o decir nada de nada sin aclarar el contexto en que se dice, pero sin jamás poder tampoco explicar la naturaleza o el origen mismo del contexto, el cual permanece arbitrario aunque conveniente. Como diría Gödel, un sistema matemático es incapaz de probarse a sí mismo, aun cuando pueda proveer fantásticos resultados.
La segunda partida Bobby Fisher pidió jugarla contra Spassky en un cuarto cerrado, argumentando que la energía mental de la audiencia no le permitía concentrarse. Boris al final tuvo que acceder, pues no debió haberle parecido, como jugador experimentado que era, que las razones de su contrincante fueran alocadas.
