Fabulosas apariciones

La belleza del desnudo recién bañado, el bebé de meses o la mujer, y unas prendas que ansiosas esperan atrapar sus perfumes. Centro hacia el que se dirige un par de ojos, que pueden ser y son todos los ojos del mundo.

Yuja Wang haciendo su entrada a la sala de conciertos, hermosa, desplegando la sensualidad de un traje que reta toda formal convención de esos lugares, junto al silencio de la potencial crítica con el conocimiento y la admiración de haberla escuchado antes. Para los que no, es solo cuestión de un minuto, hasta que ponga el primero de sus increíblemente talentosos dedos sobre la tecla que abrirá la puerta de un despliegue de virtuosidad que complementará, a la vez que palidece, el resplandor que inundó el recinto con su irrupción.

Mis hijos esperaban a Santa Claus con ansias e ilusión dignas de ser observadas. Por eso mi esposa y yo, luego de haber puesto los regalos bajo en árbol tarde en la noche, hacíamos el esfuerzo de levantarnos bien temprano, antes de que ellos despertaran, solo por el puro placer de grabar sus rostros en la memoria, en el momento que confirmaban que Santa sí existía. Con el pasar inevitable de los años, y la confesión de que ellos ya sabían que todas las prendas navideñas venían de nosotros, una cierta duda inundaba mi mente preguntándose si había sido correcto engañar a nuestros niños. Hasta que entendí que ellos también a su tiempo harán lo mismo, incapaces de negarse la felicidad mutua de también disfrutar viendo felices a sus niños.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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