
German painter, typographer, printmaker, graphic artist and xylographer
Luego de haber visto como financié nuestra suntuosa boda, el sacerdote, el mismo que ofició la ceremonia, me recibía ahora efusivo todos los domingos antes de la misa. Un notable cambio del escepticismo demostrado hacía algunas semanas sobre mis intenciones, mientras nos ayudaba llenando los papeles para la licencia de matrimonio. No se lo tomé a mal entonces. Me pareció saludable que mostrara cuidado por las jóvenes del barrio que de momento aparecían con un extranjero para casarse. Los posteriores sobrecargados saludos sin embargo, me parecieron motivados por la expansión que podía ver intentaba hacer de la estructura física de la Iglesia. Una especie de manifestación cultural donde en camino a la ceremonia, las deferencias revelaban el estatus de los participantes de una caravana en donde al final, todos tendrían que aceptar que morirían por igual.
Las pausas del habla no anuncian puntuación. Piense en el recuerdo de lo ridículo que se escuchaban los antiguos dictados de los jefes a sus secretarias. Los ritmos de una conversación indican al que escucha la posición de las pausas, y la autonomía que este último ejerce sobre lo recibido es tan real y válida, como para el que practica la lectura. El compromiso que el papel parece demandar con el uso de signos ortográficos vive aún en la idea de que existe un solo mensaje posible en la transmisión del lenguaje, y que la intención clara y definida del creador debe ser respetada y procurada en la puntuación. Nada más lejos de la verdad, pues la complejidad de la realidad es tal que, tanto el que produce el mensaje, como el que lo recibe, por el mero hecho de usar un instrumento cargado de símbolos, es solo capaz de aproximar lo inalcanzable, esto es, el espíritu o la idea original. Un festival de tradiciones y creencias que bailan desde la perspectiva única de cada participante en el evento de la comunicación, pareciendo a propósito insistir en algún original diseño donde toda idea es posible en todo momento, pues la certeza es un invento conservador que nada tiene que ver con la experiencia de estar vivo, sino con el intento de siempre llevar a la legítima multiplicidad de puntos e interpretaciones, camino a su muerte en la igualdad.
