Sortilegios

“Female Figure ~ IVX” print on paper by the American artist William Pfahl

Escribí abracadabra al tope del papel. Repetí luego la palabra mágica en la segunda línea, pero quitándole la última letra. Continué el procedimiento en la tercera línea, sin incluir las últimas dos letras del original, y así sucesivamente, cada vez con una letra menos que la anterior, hasta que el temor desapareció por completo. Según indicado en la receta antigua, enrollé el talismán en forma de cono, sellándolo con goma y pelo de gato. Camino al encuentro me sentía inmune, con mi nuevo amuleto colgando de la cadena en el cuello.

El amor encubre los pronosticados futuros donde los “te quiero” disminuyen a la par con el dinero. Aun así, de principio a fin, toda exhalación mutua fue aprovechada por los pájaros en vuelo. El balance de un cálculo instintivo que, al convertirlo en matemática, se hizo instrumento del poder acumulado.

En la antigüedad los escribas teníamos nuestros propios dioses. Poco a poco el dios de los comerciantes fue adquiriendo poder, hasta desplazar al de los reinos, imperios y estados. Hoy la moneda es ubicua e irremplazable y todos, en mayor o menor grado, le rendimos culto. Poco importó la extensión de la magnánima victoria española, bautizándome en La Isla casi cinco siglos después, y de pasada, con todo y el entendimiento histórico, bautizando también a mis hijos, el mayor en Boston y el segundo en Las Filipinas, pues diluida la fe en la celebración de la familia, y nada más, vivimos pagando cuentas por existir, y a la próxima generación la educamos, para que puedan seguir pagando.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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