
Me arrullan en el almíbar de imaginarme elaborando un nuevo giro teórico. Fondo de agujero negro donde la singularidad desaparece la información, violando la física que lo postula como imposible, ¿o será que la escupe irreconocible?; no creo esté resuelto. ¿Acaso alguna vez se decidió el asunto de los ángeles en la punta de un alfiler? El debate simplemente se abandonó, recogiendo las migadas del pensamiento ganado sin intención, junto al tiempo perdido. Siempre aparece otro, P versus NP. El Capital se preserva de formas insospechadas. Mi madre comenta que siempre ando con la misma ropa, y mi hijos, nacidos y criados en casa con biblioteca de tres mil volúmenes, leída, anotada y citada en la cena familiar, improvisan una ouija, como vieron en TikTok, para comunicarse con Charlie Kirk. Pensar que yo de joven aspiré a ser faquir. Asi como la Ilustración no vio venir el Romanticismo, y los positivistas lógicos entendieron hallar en la matemática el único lenguaje que merecía reverencia, llegando hoy al mundo donde todas las verdades son falsas. ¿O es que siempre ha sido todo de la misma manera? ¿Dónde queda entonces el intento, el despunte, la necesidad imperiosa de la variante? ¿Se acepta el postulado sartriano de buscarnos un entretenimiento que nos mantenga ocupados ante el sinsentido? ¿El Sísifo de Camus que hallaba valor en el reintento maldecido por el fracaso? ¿Quién podrá negar el inmenso salto del cálculo matemático, sus computadoras, los cohetes al espacio? Lo hacen los invisibles renegados que en la persistente pobreza e injusticias ven la triquiñuela que nos ha embaucado en declarar a Parménides y a Zeno superados. No hay fracciones, solo números enteros y relaciones, y en el infinito la negación del principio, el fin, y hasta el propio pasado.
