Daniel Defoe…

…trabajó como espía del rey de Inglaterra y escribió alrededor de quinientos libros. Leer esa misma cantidad de textos, asumiendo uno por mes, tomaría casi 42 años. Sencillo es determinar que si se quiere ser veloz y reducir el intervalo a dos semanas, se necesitarían aun 21 años de vida. Defoe publicó su primer libro a los 37 años y vivió hasta los 71 y, para continuar con la sencillez de la aritmética, esto implica que su carrera literaria se expandió, a lo máximo, por 34 años. Muchos de sus escritos eran panfletos de cargado carácter político y devastadora crítica religiosa, incluyendo semanarios de noticias en Inglaterra y Francia que escribía prácticamente solo, en ocasiones viendo la luz tres veces en semana. Uno de sus libros lo vio acusado de sedición y, como en múltiples oportunidades, echado en prisión, teniendo que en una de estas pasar tres días en la picota. Al salir escribió “Himno a la picota.” Cuando de literatura se trata, no hay relación garantizada entre cantidad y calidad. Pero si nunca ha leído nada de Dafoe, considere por lo menos Robinson Crusoe. Un clásico que no solo inaugura el género de la novela en Inglaterra, sino que la calidad de su prosa e imaginación lo han hecho punto de referencia en las letras y el pensamiento universal, arquetipo del humano frente a su inesperado destino, preguntas de fe y proposito, la duda ante lo desconocido , el terror de la muerte y la soledad, y con las circunstancias dadas enfrentarlas y comenzar a reconstruir lo perdido, lo necesario para subsistir, en medio del recuerdo y la incertidumbre. Una narración repetida e imitada por los pasados tres siglos hasta nuestros días, además de ser ejemplo del nivel de todo lo que escribió Defoe, a una distancia de 2,400 años del precursor de la historia, Homero y su Odisea.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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