
Cometiendo el error de escribirle a Colón en Español aljamiado, Mohammed tuvo que aceptar la partida de las naves hacia otros mundos, junto con sus sueños de navegar en ellas como salida a la terrible situación que ahora enfrentaban los musulmanes en el sur de la península.
Luciendo su corta camisa de lana, la cual disimulaba el sudoroso sentir de su cuerpo, abarcas y antiparas de cuero, llevaba guardado un preciado y blasonado ropón de bordado arabesco recuperado en su última batalla. En sus manos de improbable heraldo cargaba una poco acostumbrada propuesta de paz a unas tropas deseosas, por saberse ventajosas, de continuar implacable su avance. En el camino consideró la pobreza que lo obligó a unirse a las fuerzas, y la larga reputación de ferocidad mercenaria que los Almogávares de su clase habían cultivado por todo el Mediterráneo. Centenares de escenarios en donde dos versiones de un mismo dios, nacido de un mismo libro, mutuamente se desangraban por imponer el mejor de los reinos.
Hermes era el mensajero griego de los dioses, adoptado luego por Roma; Thot el dios egipcio de la sabiduría y la escritura y, en el mundo helenístico del Nilo dominado por los romanos, aparece el legendario Hermes Trismegisto, al que la tradición le atribuye haber escrito la Hermética, un nutrido grupo de textos religiosos, filosóficos y técnicos que desarrollan las creencias, prácticas y vertientes de un sincretismo en el que la agonizante clase sacerdotal egipcia puso todo su empeño, en un intento por permanecer relevante en un mundo de rápidos cambios y beligerantes ideologías, todas halando para su lado y que, hasta el día de hoy, continúan en permanente y ubicuo conflicto.
Image:
Egyptian Stella during Roman times (I-II century A.D.) showing three manifestations of Thoth as the moon god Khonsu-Harpokrates, in baboon form, and as an ibis-headed crowned figure.
