La persistencia de la memoria

Sargón, que trabajaba sirviendo vino en las copas de la corte del rey, terminó derrotándolo en la batalla que asentó el imperio Acadio sobre el Sumerio, desapareciéndolo de tal manera que arqueólogos de los siglos venideros, siguiéndole la pista a las referencias bíblicas lo redescubren, sin idea de que alguna vez hubiese existido.

Al entusiasmo del ser le sigue la duda del encajonamiento que a veces detiene el error, y en otras, abre las puertas del arrepentimiento. La hija de Marie Curie, Irène, siguiéndole los pasos a una madre que pagó con su vida las innovadoras investigaciones sobre radioactividad, se encerró en el laboratorio a trabajar, ganando también el Premio Nobel.

Millones de años identificando rostros han servido para saber, en un instante, si es bondad o maldad lo que trae esa nueva persona. Una herencia que siento al ver el más elaborado de los vídeos artificiales, pretendiendo. También hay quienes por más experiencia que venga acumulada en sus genes, deciden dejarse engañar adrede.

Nunca envían el ejército a detener un huracán. Y en una erupción de volcán, mejor es salir lo más rápido huyendo, pues batallar una fuerza mayor no es de valientes, ni hay conciencia que se siembre bajo la calcinante lava ardiente, donde solo la espera paciente, de largos y largos tiempos, podrá sentarse a drisfrutar las flores que brotarán, del abandonado terreno que ahora se regala fértil.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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