Paradise lost

“Satan,” illustration by Gustave Doré from John Milton’s Paradise Lost.

La idea del paraiso original es antigua y ha mostrado su peso en los estudios y concepciones del pasado por largo tiempo. Pero hace igualmente algún tiempo ya que parece estar en crisis, con la idea de que los orígenes nunca fueron muy diferente a los presentes, y que la batalla entre el bien y el mal siempre ha existido, con solo diferencia de matices a través de la historia; un péndulo que busca su balance entre los inevitables extremos. Sin embargo, las pequeñas diferencias no tienen porque ser menospreciadas como inmateriales. Después de todo, nos dicen los astrofísicos que una reducida discrepancia entre la cantidad de antimateria y materia, en favor de la segunda en el principio del universo, es responsable por todo lo observable. Esto no ha hecho a la antimateria desaparecer por completo, solo la ha convertido en algo extremadamente difícil de hallar, dándonos motivos para imaginar que cualquier pequeño desbalance en favor de la bondad, por ejemplo, sería tal vez capaz de arrinconar a la iniquidad en la irrelevancia. El problema es que esto también vale para el balance contrario; un mundo donde la perversidad domine de tal manera que ya casi nadie recuerde como hacer el bien. Es una batalla larga que debe liberarse en todos los campos, pues la que hubo inmediatamente después del “Big Bang” duró aproximadamente trescientos mil años. Una larga espera en términos humanos, pero una gota en el desierto de una historia que comenzó hace catorce mil millones de años. Además, la caridad no se debe asumir como falta absoluta de cambio y conflicto. ¿No tiene acaso el mundo de la materia dolor, muerte y cataclismo? Pero lo que sí no tiene, por lo menos de manera significativa es, antimateria.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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