
La idea del paraiso original es antigua y ha mostrado su peso en los estudios y concepciones del pasado por largo tiempo. Pero hace igualmente algún tiempo ya que parece estar en crisis, con la idea de que los orígenes nunca fueron muy diferente a los presentes, y que la batalla entre el bien y el mal siempre ha existido, con solo diferencia de matices a través de la historia; un péndulo que busca su balance entre los inevitables extremos. Sin embargo, las pequeñas diferencias no tienen porque ser menospreciadas como inmateriales. Después de todo, nos dicen los astrofísicos que una reducida discrepancia entre la cantidad de antimateria y materia, en favor de la segunda en el principio del universo, es responsable por todo lo observable. Esto no ha hecho a la antimateria desaparecer por completo, solo la ha convertido en algo extremadamente difícil de hallar, dándonos motivos para imaginar que cualquier pequeño desbalance en favor de la bondad, por ejemplo, sería tal vez capaz de arrinconar a la iniquidad en la irrelevancia. El problema es que esto también vale para el balance contrario; un mundo donde la perversidad domine de tal manera que ya casi nadie recuerde como hacer el bien. Es una batalla larga que debe liberarse en todos los campos, pues la que hubo inmediatamente después del “Big Bang” duró aproximadamente trescientos mil años. Una larga espera en términos humanos, pero una gota en el desierto de una historia que comenzó hace catorce mil millones de años. Además, la caridad no se debe asumir como falta absoluta de cambio y conflicto. ¿No tiene acaso el mundo de la materia dolor, muerte y cataclismo? Pero lo que sí no tiene, por lo menos de manera significativa es, antimateria.
