
El origen es un tamiz que separa los incomprensibles relatos de otros pueblos, jamás conociendo lo que es ser parte de una historia que perdió millones en la guerra, o alguna que tiene toda la evidencia arqueológica de un grandioso pasado que jamás volverá; en otras palabras, de los eventos que inundan los libros y noticias de todos los lugares. Textos que dan un propósito a un presente que, aunque pueda ser iluso, contiene la atención y simpatías de buena parte de la humanidad. Lo difícil es ser invisible y estar condenado a exagerar el esporádico logro que aparenta sacarte de la esquina sombría en que te colocó lo oficial. Una gestión que por breves instantes entretiene al gran público que te hace pensar protagonista en tu papel de bufón de la corte, insistiendo olvides mirar hacia adentro y que peligrosamente se les puedas escapar de las manos, descubriendo una humanidad que hace ya mucho tiempo creyeron poder esconder también, en el mismo rincón en que te habían guardado. Pues es en esa capacidad desatendida de ser humano, donde único se encontraría la alternativa al mundo que nos han hecho creer inevitable. Un lugar que en su falta aparente de grandilocuencia sea capaz de extender, en contra de toda corriente contemporánea, sus tradiciones de bondad y de mano extendida para el vecino, el visitante, el necesitado que como objeto de una inamovible esencia heredada por los ancestros, sea el recipiente automático e incuestionable de nuestro compartir, aun y en especial, cuando parezca que no se tiene nada, irrumpiendo en la historia desde lo inesperado de una cultura donde la caridad, siempre fue su centro más preciado.
