
Luego de unas treinta paginas adentrada la lectura, pensé que una buena manera de darle sentido a la sorpresiva narrativa de Xue, era verla como una metáfora de China, tanto la ancestral como la presente. Y no puedo negar que funcionó, pues entre fábulas de extraños seres subterráneos que buscaban a sus antepasados e historias de humanos donde la sencillez de una conversación familiar se interrumpía por la presencia amenazante de un gigantesco búho, la historia del gran país que se autonombra como el central, perecía ser recogida en un texto tan simple como fantástico.
“This kind of reasoning led to no outcome at all.”
Pero tal singularidad metafórica, como es de esperarse, resultó limitada. Pues la imaginación de Xue nos mueve constantemente entre el relato inocente de un niño visitando a su tío, o quizá la belleza de unas rosas capaces de cautivar a una joven y de momento, sin aviso alguno, abrir la puerta de un apartamento en un alto piso y descubrir que todas las escaleras habían desaparecido, o que bajo las hermosas flores se encontrarán enterrados otros niños, algunos vivos y otros muertos. Y por supuesto, con historias de esta naturaleza, casi cualquiera metáfora interpretativa sería capaz de funcionar, o aun ninguna, pues la pluma de Xue hace que cada una de las historias pueda ser apreciada en sí misma, sin necesidad de referencia.
“…but I had already abandoned normal logic.”
El estilo de Xue no es totalmente novedoso, y para quedarme local, podría pensar en escritores como nuestros Aravind Adyanthaya, José Liboy Erba, o el mismo Rafael Acevedo en su Exquisito Cadáver. Pero lo sorprendente de Xue es su habilidad de envolvernos en la totalidad de una fábula, para luego continuar con la suavidad de la más simple cotidianidad humana y de momento, en una línea, entrar en una realidad onírica a la que nada parece extrañarle la transición por la que acaba de pasar. Como la narración reflexiva de algún insecto emparentado con los gusanos de tierra, seguida por la hogareña mujer, madre de familia que mientras trabaja en su jardín, sin pensarlo se encuentra en un lejano pantano con lo que parece ser su ilusión de juventud y terminar haciendo con este el amor; o ancianas que venden algodón de azúcar en las calles y de pronto son capaces de producirlos en el aire, para el disfrute de los chiquillos.
“In moments like that, my brain was transformed into an endless ocean.”
Leí a Can Xue porque estaba en la lista de fuertes candidatos para el Nobel de este año, y aunque no fue así, no sería imprudente que la Academia considerara en un futuro reconocer la calidad creativa de esta escritora asiática. Una maestra en la exposición de una complejidad que no necesita de rebuscado vocabulario ni de oscuras referencias históricas o literarias para envolvernos en una serie de inesperados y fabulosos universos.

