
Mis cabras tienen jerarquía. Existe una de ellas que está siempre en el tope, una en segundo lugar, otra en tercero y así sucesivamente hasta la última, de la cual todas las demás abusan. La primera come primero, duerme en el espacio entiende es el mejor y todo esto lo asegura con cabezazos a las que intentan reordenar lo establecido, lo cual no ocurre casi nunca. Este orden permanece hasta que la que está en el tope muere, se vende o termina sobre el plato de alguna celebración familiar, lo cual la segunda aprovecha para posicionarse como primera, moviendo a todas las demás un escalón. Cuando llega alguna cabra nueva, por compra o por nacimiento, inmediatamente pasa a ocupar el último puesto, con la excepción temporera de que por los primeros meses de vida la madre, si es que tiene la suerte de tenerla, defiende a su(s) retoño(s), hasta poco después que deja de amamantarlos. Hemos tratado de proteger a las que ocupan puestos menores contra los abusos de sus superiores, pero ni aun viviendo, comiendo y durmiendo con ellas sería posible tal prevención, dejándonos sin mayor remedio que aceptar la estructura que ellas deciden entre sí. Lo único que no es capaz ninguna de las cabras que ocupa posición favorable es reflexionar y considerar que su comportamiento es incorrecto, tomando acción para evitarlo y promover una mayor equidad entre los miembros de su comunidad. Solo los humanos son capaces de esto y, como es sabido, en muy raras ocasiones.
