Prosperidad

Contoneándose por entre las brozas, como quien naciendo con hambre piensa que así es el mundo, brindaba a su barrio el placer de celebrar con mirarla, sus deliciosos dieciocho. Ignorando el estertor conjunto de la ancianidad que dominaba el lugar, veía la sucia pasarela como una oportunidad para ensayar los coqueteos que se imaginaba atraparían, al esposo que el destino le aseguraba en el puesto de Internet.

Recordaba con vaguedad el rostro de un padre que siendo su primer amor, se fue para la capital a trabajar a destajo. Nunca más lo vio y solo le enviaba una simbólica cantidad de dinero una vez cada tres o cuatro años. Su madre se vio así forzada a irse a trabajar de sirvienta al extranjero, visitando el escondido poblado por los pocos días de navidad que dedicaba a llenarle a la hija la cabeza, de sueños que ahora por fin realizaría vía Messenger.

Era como la simple nota de un pentagrama que pasando por desapercibida, poseía aun la capacidad de arruinar la sinfonía, alternando los ánimos del conductor, si alguno de sus músicos osara saltarla. La predicha partida de la última belleza joven del lugar, cerraba el capítulo de una reducida comunidad que vendiendo las tierras para darle el efectivo a los nietos, pues ninguno quería tocar el cultivo, dio la señal de salida a las grandes máquinas que pacientes esperaban en las afueras, encendidas y despidiendo humo, el anuncio de la muerte natural, por la avanzada edad, del más joven de sus residentes.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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