Le Bateau ivre

un bote seco en su firme empeño
sobre unas aguas estable y terco
negaba el gusto de embriagarse
dejándonos ahora sin más remedio
que beber y beber sobre cubierta
hasta el mareo derramarse y partir
en las historias que aquí se cuentan

lúcidos de visiones empañadas
borrando espacio entre las cosas
explorando una nueva etiología
Marco se alzaba tal y como pudo
a nadie debiéndole nada de nada
de engreída y temprana resaca
sabio entre todos los más sabios
amores eternos que nunca revela
abriendo los libros de un pecho
podrido en vieja sangre coagulada
para con lágrimas de los amigos
que sus tersas palabras provocan
lavar todos los preciados pecados
de lejanos ancestros y de hijos
que jamás supuso engendrara

amarrado al mayor de los mástiles
como si aun hoy temiese sirenas
para evitar que en el fondo cayera
solo de brazos desnudos y sueltos
añadiendo emoción a su entuerto
lentos vaivenes de tibias palmeras

atrás quedaron los de la seguridad
contando su fino dinero en puerto
para nosotros sin destino fijo vagar
en aquella inatrapable inmensidad
de horizontes y narrativas sueltas
todas tan dispuestas menos la mía
que humo y alcohol hacían callar
mas no por esto dejar de escuchar
lo que mis otros queridos decían

mi estrategia juro siempre fue esta
pasar desapercibido y así poder
aprendiendo y con preguntas ver
a todos los que reclamaban saber
para en momento libre y perfecto
asediar con sorpresa en el juego
y con maña intentar el poder

cuántas dulces parrandas dejé pasar
silencioso en mi cuarto de esquina
densas y largas páginas encendidas
creyendo lograr la síntesis mejor
sutil y hermosa en su estructura
queriendo salvar a todos y cada uno
del irrisorio y caótico tedioso dolor

una permanencia siempre provisional
que pasado el brillo regresaba aguda
desapercibida en la oscuridad inicial
con amplia lejanía del agitado olvidar
volviendo a nadar desnudo en Leteo
el ciclo odioso del siempre acabar

Carlos hablaba difuso de Inglaterra
y de tiempos en la Costa de Marfil
terminando como termina siempre
en una diatriba lela de los vikingos
según él responsables por Rusia
diagonal lejana y guerrera del alfil

hipnotizado por el mar salpicando
las descascaradas paredes de la barca
Elías localizaba posiciones exactas
de constelaciones ya desaparecidas

las sé de memoria y con orgullo decía
Orión anda majestuosa sobre nosotros
firme detrás de nuestra estrella cercana
y con el paso labrantío que llevamos
podremos en una hora imaginar a Tauro
inevitable trasfondo del calor de verano

si hubiese tenido tiempo en mi juventud
era por costumbre su quebrada queja
hubiese profundizado el Almagesto
que en el siglo segundo escribió Ptolomeo
en la gloriosa biblioteca alejandrina

la presente modernidad de eficacia
que me abrió puertas a las matemáticas
no considera en profundidad estudiar
los errores y falacias del pasado
perdiendo así el saber que se esconde
describiendo el honesto resplandor
la belleza que jamás y nunca errada
fue capaz de describir con satisfacción
lo que el tiempo luego supo imperfecto
que es sin aceptar saberlo en las escuelas
lo que continuamos hoy haciendo
con nuestras nuevas teorías del evento

inevitable estadio que Jenófanes narró
en la poesía de su rebelde Colofón
la que también en versos cultiva Elías
de amigos sin leerla celebrando en masa
las alegres fotos de sus hijos creciendo
extraña alegría que lo entristecía
pues para el las dos cosas eran parte
de la misma inspiración y melodía

mas qué pesado el fardo que cargamos
en la insistencia de lo que somos y vivido
raíz identitaria del egoísmo y el rechazo
de que el bienestar del otro es lo que hace
la construcción de un universo válido
para los demás e igual para nosotros
el regreso al anclaje del principio
donde la noble embarcación dio calor
espacio de dolor y risa compartidos
tocando ahora tierra firme en el abrazo
de que hablar está permitido y escuchar
el imperativo de la paz y el amor divino

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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