
La legitimación que implanta el origen es clave en la supervivencia de cualquier proyecto presente. Por ello la consigna del “no kings” es uno de los huesos más duros que tiene para roer el trumpismo. Sin embargo, los fundamentos de una nación pueden ser borrados, si es que se tienen listas otras filosofías capaces de sostener lo nuevo. Fue en última instancia esto lo que hicieron las trece colonias para constituir su proyecto de nación y, el “Make America great again” cuenta con elementos que aspiran a tal recomienzo. El problema es siempre el sufrimiento que estas aspiraciones causan, en este caso, la desconsideración total por la humanidad de los inmigrantes, no sin dejar de mencionar el potencial daño que los norteamericanos se hacen a sí mismo, en su intento por arrancar una de las fuentes más notables de energía de su poder económico. Pero ambas consecuencias tienen claros antecedentes en la historia norteamericana, adaptando a los que sueñan retomar la estrategia. Solo basta pensar en los fundadores de la nación, que luego de lograr impulsar una filosofía de libertad y aspiración humana que orientara los comienzos, no tuvieron problemas ningunos en masacrar y despojar de sus tierras a los habitantes originales del centro y suroeste del territorio, no sin olvidar mencionar la esclavitud negra que sobrevive, a pesar del discurso de dignidad humana; lo que hace pensar a los presentes pioneros que las ganancias de limpiar el país de inmigrantes son mayores que las posibles pérdidas. Hoy existen fuerzas considerables que aun insisten en el marco de referencia de la constitucion original. Quién prevalecerá está por verse. Lo que sí queda claro es que las intenciones del raciocinio dominante actual tienen buenos precedentes de imponerse y, para los que se oponen o buscan mantenerse relevantes, la búsqueda de una narrativa que legitime y que pueda galvanizar grandes masas es imprescindible, pues no basta con criticar lo injusto de un movimiento social que cuenta con todos los medios y recursos para subsistir.
