
Quien que se dedica a las letras, tarde o temprano descubre el mar de repetición que inunda a la literatura, haciendo de la novedad el objetivo que orienta sus búsquedas. Mas decir lo que nadie ha dicho no es un secreto guardado por los que lo persiguen, convirtiéndolo así en estrategia para aquellos escritores que en su afán por lectores, construyen esfuerzos con un fallido sabor de lo diferente. Y es que lo novedoso contiene el germen de su imposibilidad, a menos que se teja como resultado de un prolongado empape de tradición. Pues nada fresco es posible, sin conocer a profundidad lo viejo bien dicho.

Andando por tales caminos tropecé hace algunos meses con el argentino Fabián Ludueña Romandini, a quienes algunos ya consideran como un nuevo Agamben latinoamericano. Adentrado en su lectura y como parte de mi biblioteca, leía su “Filosofía Primera” que como subtítulo tiene nada más y nada menos que “Tratado de ucronía post-metafísica / La comunidad de los espectros V.” Sin embargo, a mitad de camino entendí que era más prudente conocer las bases de sus pensamientos en un posterior y mucho más generalizado libro titulado “Ontología analéptica,” donde nuevas formas del pensar honran y de paso desmantelan lo conocido, y que como subtítulo se dispara el más seductor de los avances en “Vampirismo y Licantropía en el origen y destino de la vida.”

Como preámbulo a tal aventura, Ludueña cita al “Lobo Estepario” de Hermann Hesse y yo, ni corto ni perezoso, fui corriendo a leer la novela. Una desviación inesperada, pues llevo años con una copia de “Siddhartha” en mi blioteca que ocasionalmente me mira y pregunta ¿para cuando?, allí en su rinconcito y muy bien acompañada entre Benjamin, Musil, Einstein, Joyce y Kafka. Y es que no cabe duda de la razón por la que Hesse es uno de los grandes genios de la literatura universal, pues en este trabajo usado como punto de partida por Ludueña en su exploración del cosmos de fuerzas animales que se debaten en nuestros adentros, publicado en 1927, ya exploraba el premio Nobel alemán la multiplicidad de personajes que viven en cada uno de nosotros, proponiendo la esquizofrenia y su aceptación, décadas antes que Deleuze y Guattari, como la mejor de las expresiones de libertad, frente a la locura de el capital.

