
Ptolomeo, amigo de la infancia de Alejandro Magno, y a quien acompañó como uno de sus generales en la conquista del conocido mundo, heredó de este el reino de Egipto, fundando en Alejandría lo que en su momento se conoció, como la biblioteca más grande jamás creada. Su visión de las letras y el conocimiento como base fundamental del poder de su imperio estaba acompañado por un interés personal genuino en participar de la adquisición del saber que la institución brindaba. Así, en regulares visitas a la gran colección, se sentada con el propio Euclides, un hombre desaliñado y de mirada perdida en una mente llena de postulados matemáticos, preguntándole, desde su majestuosa postura de rey, faraón y representante divino, como quien demanda trato especial, por qué era tan difícil manejar la geometría. Euclides, con la falta de intimidación que da el conocimiento de unos patrones universales que van más allá de lo humano, le contesta, “majestad, no existe camino real hacia la geometría.”
en mi casa hay un cuarto
donde a todos mis muertos guardo
son muchos y es curioso
que a casi ninguno
en persona conozco
llevan allí muchos años
y a diario los visito
pilas y gavetas de anotaciones
evidencia de las conversaciones
y aun así me siento
como si tan solo rascara
la profundidad del conocimiento
que cuando lo pienso y lo mezclo
con lo que he vivido y el viento
a veces salen cosas tan únicas
como queriendo ganarse el derecho
de compartir con ellos
todo el polvo del tiempo

