Lecturas XII

Ptolomeo, amigo de la infancia de Alejandro Magno, y a quien acompañó como uno de sus generales en la conquista del conocido mundo, heredó de este el reino de Egipto, fundando en Alejandría lo que en su momento se conoció, como la biblioteca más grande jamás creada. Su visión de las letras y el conocimiento como base fundamental del poder de su imperio estaba acompañado por un interés personal genuino en participar de la adquisición del saber que la institución brindaba. Así, en regulares visitas a la gran colección, se sentada con el propio Euclides, un hombre desaliñado y de mirada perdida en una mente llena de postulados matemáticos, preguntándole, desde su majestuosa postura de rey, faraón y representante divino, como quien demanda trato especial, por qué era tan difícil manejar la geometría. Euclides, con la falta de intimidación que da el conocimiento de unos patrones universales que van más allá de lo humano, le contesta, “majestad, no existe camino real hacia la geometría.”

en mi casa hay un cuarto
donde a todos mis muertos guardo
son muchos y es curioso
que a casi ninguno
en persona conozco

llevan allí muchos años
y a diario los visito
pilas y gavetas de anotaciones
evidencia de las conversaciones

y aun así me siento
como si tan solo rascara
la profundidad del conocimiento
que cuando lo pienso y lo mezclo
con lo que he vivido y el viento
a veces salen cosas tan únicas
como queriendo ganarse el derecho
de compartir con ellos
todo el polvo del tiempo

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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