
Herder era sospechoso de todo pensamiento filosófico sistematizado, y en sus escritos procuraba mantener un aire de apertura reflejado en la selección de títulos que con frecuencia incluían palabras como “Fragmentos…, Ideas…, etc.,” siendo particularmente hostil hacia las ambiciosas construcciones halladas en la tradición de Spinoza, Wolff, Kant, Fichte, Schelling y Hegel, basadas estas en fijos patrones de reflexión que constantemente se reciclan en sus trabajos. Permanecía así Herder escéptico de que tales edificios pudiesen trabajar mejor que una creatividad que se mantiene abierta a los nuevos eventos e ideas, sin inmediatamente cerrarse a las inesperadas formas de la pregunta o intentar encajonarlas e interpretarlas con los esquemas previamente establecidos, añadiendo así solidez a vertientes del pensamiento filosófico alemán que luego se manifiestan, entre otros, en escritores como Nietzsche y Wittgenstein.

En “Humano, demasiado humano “ Nietzsche abandona el estilo ensayista de su primer libro, edificando esta vez un texto exclusivamente sobre aforismos. Tomando herencia de Schopenhauer, el texto de Nietzsche descarta su poder explicativo, en favor de una crítica severa a lo que se considera establecido. Sin embargo, el tono del texto lo establece el autor desde su prefacio, cuando interpela a los críticos que lo acusan de intercalar indiscriminadamente lo ordinario y lo inusual, como trampas para incitar a los novicios lectores a abandonar las tradiciones. Pero” ¡¿qué?!” pregunta y exclama Nietzsche, si la combinación constante de ambos extremos en la cotidianidad no es nada más que humano, demasiado humano.
