
Según Diógenes Laercio, la madre de Platón, Perictione, era descendiente de Solón, político, filósofo y poeta, uno de los siete sabios de Grecia y miembro fundador de la democracia ateniense, en un antiguo pero no poco común ejemplo en la larga historia de redactores del verso que desde la aristocracia, se encuentran envueltos en el desarrollo de instituciones administrativas que apelan a lo popular, como fuente del justo y necesario poder.

La gloria de lo logrado encontró muchas manifestaciones, entre sus mayores la obra escultórica del ateniense Praxíteles que, a juzgar por la gran cantidad de imitaciones que sobrevivieron, debió haber sido gran fuente de inspiración por su belleza y radicalidad artística. Solo una de sus escultoras originales ha sido descubierta, en las excavaciones del Templo de Hera en Olimpia, en 1877, “Hermes con el niño Dioniso,” la cual, admirada hoy por todos en el museo de la ciudad donde se halló, por su falta de copias entre sus discípulos e imitadores, es casi seguro que fuese una obra menor.
Se podría decir que lo que comenzó con Solón terminó con la insensata ejecución de Sócrates. Lírica capaz de inspirar un sueño que alcanza permitir la viciosa acusación del más grande pensador de su tiempo y que, como desilusionada y desesperada solución encuentra en la páginas de Platón la dictadura del filósofo como alternativa, junto con el destierro necesario de sus poetas.

