
Los textos de Platón fueron la filosofía misma, desde su muerte hasta la llegada del cristianismo junto con nuevos flujos de las sabidurías del este a Europa, cuando su centro se movió hacia las tierras de habla griega del Mediterráneo oriental y, aunque debilitado ya para el siglo XV, permanecía vivo en los intelectuales de la época. Entre estos, George Gemiston, quien adoptó el seudónimo de Plethon, como similar y obvia referencia a Platón, ejercía suficiente influencia entre los pensadores bizantinos como para acompañar al emperador a las ciudades de Ferrara y Florencia en 1438-39, al poco exitoso concilio que buscaba limar las asperezas entre los católicos y las iglesias ortodoxas. Sin embargo Plethon fue capaz de crear gran sensación entre los humanistas italianos con su elevación de Platón como primer filósofo, en contraposición con Aristóteles, el héroe de la escolástica latina, la cual, excepto por traducciones incompletas del Timeo, Menón y Fedón, no había leído nada de Platón por cerca de un milenio. Generador de leyendas por sí mismo, Plethon revolucionó el pensamiento de la Europa latina con su conferencia titulada “Sobre las diferencia entre Aristóteles y Platón” acompañada de un largo texto que tradicionalmente se conoce como “Las diferencias,” inclinándose en ambos en favor de Platón como la fuente principal del pensamiento filosófico. La influencia de este evento
que abría las mentes de los intelectuales católicos hacia la mina de conocimiento olvidado que aun florecía en Bizancio, sembró las semillas de lo que se vino a conocer como el Renacimiento, con ecos que persisten hasta nuestros días.

