Plutarcadas

Cabezón era Pericles —razón para el eterno casco corintio de sus bustos— y aun así, casi dos mil cuatrocientos años después, sabemos quién fue.

Es todavía difícil optar por no tener hijos y enfrentar la presión social de tenerlos. La biblia, en su historia del comienzo, presenta la reproducción como propósito del ser y ordenanza divina. El César en Roma se preguntaba el porqué de tanto extranjero rico cargando perritos y monitos por la ciudad como si fueran niños.

Panita de Anaxágoras el Pericles; como quien ve a Biden y Žižek jangueando por el Mall.

En la Atenas de Pericles se juntaron tanto el extendido ocio ciudadano como la exhuberante riqueza de los cofres administrativos, de manera que para aliviar uno con el otro, se enviaban en embarcaciones por el Mediterráneos, con todos los gastos pagos y por meses, a centenares, sino miles de atenienses a disfrutar y aprender las artes marítimas. No siendo suficiente, se transportaban igual cantidad de personas a Tracia, Italia y los confines del mundo griego a poseer tierras y convivir con otras variantes de la cultura, tan solo por el placer de la experiencia. De más estaria decir lo popular y poderoso que todo esto hacia a Pericles, para envidia de la aristocracia a la que les había arrebatado el poder.

El bochinche de Atenas apropiarse de los fondos que se transferían a su ciudad desde las diferentes parte del mundo griego para embellecerse a sí misma, “como una mujer vana que se carga de piedras preciosas,” en lugar de protegerlos para la defensa contra la amenaza Persa —su propósito original— es más antiguo de lo que pensaba. Tan viejo como el arte de la verborrea gubernamental que todo lo justifica y que bien manejaba el maestro Pericles, cuando convence a los atenienses de que ellos merecían eso y mucho más, pues eran sus tropas las que contenían a los Persas, para que las cidades contribuyentes no tuviesen que arriesgar nada. Así que después de asegurarse que se hiciese para lo que se les pagaba, arremata con el eslogan de que “el dinero es de quien lo recibe no de quien lo da.”

Solo a Pericles se le ocurre la inimaginable idea —pienso en otro país, por supuesto— de escribir un decreto para que todos los griegos que vivían en Europa, Asia o en cualquier parte y ciudad, grande o pequeña fueran bienvenidos a Atenas a deliberar sobre sus asuntos. Nadie se presentó.

Paréntesis

Si hiciera una lista de todos los momentos, encuentros y personas que brevemente me impactaron y que al desaparecer me pasé el resto de la vida buscando, sin éxito, sería el andamiaje de un buen libro.

Plutarcadas II

Es inspirador Plutarco cuando basa buena parte de su historia sobre lo que dicen los versos de tal o cual poeta. Uno de estos días me siento a escribir la historia de nuestros días usando solo estrofas de bardos como referencia.

un sueño que despierta
es aun un sueño
y si camino con sueños
pensándome despierto
despertar se hace falacia
imposibilidad de lo cierto
pues cuando en mi adentro se mezcla
lo pensado con el recuerdo
aparece frente a mí
la posibilidad del acierto
un caudal de preguntas todas
fluyendo en mar abierto
olfato y oído afinados
en el majestuoso
vaivén de los vientos

Ciento cincuenta naves inundadas de las mejores infanterías y caballerías antes vistas, infundían terror en el enemigo con la energía de que por fin se iban a repeler las tropas invasoras cuando, listos para zarpar, una inesperada sombra oculta el sol, sembrando el terror en las tropas y desalmando, en pocos minutos, lo que era la más temida de las fuerzas. Y pienso yo que con tanta filosofía, esto le pasa a los atenienses por no ser babilónicos ni mayas, pues de haberlo sido, el eclipse hubiese estado como parte del calendario y todos los marineros lo esperarían deseosos al borde de sus naves, como victoriosa señal de partida.

Los Galos fueron conquistados con mucha astucia militar, pero sin aprobación del senado romano. Cuando las renegadas tropas regresan a Roma a reclamar lo suyo, tuvieron primero que hacer lo que hasta hoy aun hacemos, esto es, envalentonarnos a ir adelante independientemente de las consecuencias y cruzar el Rubicón. Pero si de sagacidad en la batalla se trata, no bastaría sin mencionar las tropas acorraladas de Aníbal, entre el mar y las montañas donde miles de soldados romanos esperaban para masacrar un ejército sin salida. Recordando el botín que venían cargando de pasados saqueos, Aníbal ordenó amarrar antorchas a los cuernos de unas dos mil vacas que, pastoreadas en la noche hasta la falda de las montañas, da instrucciones a sus hombres para encenderlas. Cuando los romanos de lejos vieron el espectáculo, pensaron que las tropas de Aníbal avanzaban jalda arriba, lo cual con la dificultad y la superioridad numérica que tenían sobre estas, les pareció que sería una victoria más fácil de lo imaginado. Hasta que el fuego, luego de consumir las antorchas pasa a quemar el cuero y las colas de las vacas y estas, en encendida estampida, arrancan montaña arriba, sembrador el terror en unos romanos que no entendían la capacidad física de las tropas de Aníbal para cubrir tanto y tan difícil terreno de manera tan rápida, saliendo despavoridos y abriendo así la oportunidad de ser aniquilados por un muy reducido y casi derrotado ejército.

si soy tirano y revolucionario
batallando frente al espejo
mirando bien siempre veré
al enemigo que desprecio

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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