
Detenida la breve lluvia, miraba las olvidadas gotas de agua sobre el cristal del carro. Sus compañeras, unidas en torrente habían rodado cuesta abajo sobre el estacionamiento, cumpliendo ahora su destino de calmar la sed de la hectárea de arroz que esperaba las últimas bendiciones de una temporada que llegaba a su fin. Era ya casi noviembre, y el tiempo seco se asomaba, reduciendo a un mínimo las oscuras nubes que despidiéndose sobrevolaban el primer amarillo que asomaba la grama.
De joven adulto pensaba que los colores otoñales de Boston aparecían con la paulatina partida del calor. Pero pronto aprendí que los tardíos calores de otoño, lo que ellos llaman el “Indian summer,” en nada ayudaban a dar un último aliento a unos árboles que habían ya despedido un verde que se regía por la cantidad de luz solar, y no la temperatura.
Las múltiples gotas, a falta de viento, permanecían como si pegadas al cristal del carro, invitándome a la mirada. Allí estaba yo, multiplicado en cien imágenes, todas similares, todas con una fracción de ángulo diferente, mostrándome lo que los espejos de mi vida se habían encargado de hacer desde la niñez. Eso me salvo de la sorpresa de Narciso, al cual la profecía le garantizaba una vida feliz, siempre y cuando no se mirara a sí mismo. Pero eso era antes. En nuestro mundo el romance con uno mismo llega temprano, así como la decepción, reservando la infelicidad para aquellos que persisten en mentirse a sí mismos.
Cansado de por años manejar cuatro veces al día los 22 kilometros que hay entre nuestra casa y la escuela de los niños, decidí enseñar a guiar a mi esposa, y comprarle un carro nuevo. Así podría aprovechar de lleno los años de retiro y dedicarme por completo a la lectura y la imaginación, en fin, a mis letras. Fue entonces ella la que desde el asiento del conductor me saca de mi pensativo embobamiento y de regreso a la Tierra, al abrir una ventana que, mientras liquidaba los múltiples espejos que alimentaban mi viaje, me abofeteaba con la sentencia, “let’s go Asawa; kids are hungry and ready to go home”
