
“…what can life be worth if the first rehearsal for life is life itself?”
Milan Kundera
Robespierre sabía que la muerte lo asechaba. Morir joven, decía, “es el precio que pagan los virtuosos.” Tuvo razón, por lo menos en lo de su prematuro fin. Pero su visión tiene otra cara, pues implica que los de larga vida hemos optado por lo seguro, la sombra de los eventos.
Las muchachas de mis años de vagabundo isleño usaban lo que le llamaban culots, pantalones que terminaban en algún punto entre el tobillo y la rodilla, y que en el espacio de una pierna cabían seis. Obviamente no es una palabra del español. En la época de James Monroe se usaba una variante con el mismo nombre y, como era de esperarse, parece copiada del inglés. Pero Robespierre sabría mejor, pues en realidad es una palabra francesa, siendo que los “sans-culottes” (sin culots), los miembros más radicales de las clases bajas que hicieron la revolución, se caracterizaban por andar armados y no usar culots, prenda preferida de las clases pudientes.
El Tiresias de la mitología griega se la pasaba retando a los dioses y de castigo fue trasformado de hombre a mujer y luego de nuevo a hombre, varias veces. Como recompensa por sus tribulaciones, le fue dado el don de la profecía. Y me acuerdo de el / ella por la historia de los culots, ya que los poderosos franceses y norteamericanos eran varones, y como bien señala la feminista francesa Genevieve Fraisse, desde Atenas, la ciudad y su realidad política fueron los hombres, añadiría yo, y sus culots. Pero en mi época esto era cosa de muchachas. Así que algo tuvo que haber cambiado en el camino, ¿pero qué?
Yo me sospecho que en estos asuntos parece haber algún progreso. Zeus, que era varón, no pudo contener lo primero que se nos ocurre a nosotros y le preguntó a Tiresias que cuál de los sexos, basado en su experiencia en los dos campos, disfrutaba más el placer sexual. Como era de esperarse Tiresias confirmó que la mujer, por lo menos diez veces más.
Comento esto sobre mis lecturas mezcladas con los recuerdos, como quien a la sombra de lo seguro llegó a viejo buscando quizás, en la escritura irreverente, algún tipo de redención.
