
Estamos frente a un giro narrativo / intelectual que intenta monetizar la basura, la pobreza y el coloniaje en gran escala, junto con todas los demás desórdenes producidos por el capital, ubicándolos en una estrategia de manejo global que enmarca el presente dentro de una comprensión evolutiva / planetaria que, además de desplazar la culpa hacia los ciclos universales, pretende presentarse como una fuerza racional consciente de los grandes retos y que, con la colaboración comprometida de todos, busca asumir —o preservar— su destinado papel de liderato frente a las promesas que encierra el futuro.
Pero en realidad la estrategia no es tan nueva na’. Es solo un refrito que con la añadidura e integración —una vez más— de los señalamientos acusatorios de parte de los portavoces de sus víctimas desarticula y aísla la condena, como siempre lo ha hecho, de manera muy efectiva. En otras palabras, que mientras más se grite menos se logra haciendo imperante la necesidad de reflexionar y elaborar un giro propio que se ajuste a los nuevos discursos dominantes y que busque comunicar, de maneras diferentes y realmente efectivas, los incansables intentos del capital de enmascar y desinfectar su perenne creación de desigualdad. Quizá hasta un olvido absoluto que simplemente reconoce lo engatusado y tóxico de ese mundo de disparidades y sus discursos y resuelva construir —o seguir construyendo— su propia y única dimensión, reconociendo que el alimento principal de los opresores es la atención, favorable o no, que siempre buscan y con frecuencia obtienen de nuestra parte. En otras palabras, que no hubiese capital si nadie les para bolas y seguimos solidificando nuestro mejor juego y manera de hacer las cosas, pues sin catcher no habría existencia razonable para el pitcher.
