
Mis cabras y patos dedican todo el día a buscar comida y, excepto por dormir, hacer sus necesidades biológicas y reproducirse, no hacen absolutamente nada más. Siempre han sido así, desde el día que nacieron y así serán, hasta el fin. Podría decir que son libres. No están atados ni por mi mano ni por ninguna jerarquía de patos o cabras que los obligue a reservar alguna parte de su alimento para sostener el privilegio de quienes no trabajan. Tal situación ni existe, ni tiene posibilidades reales de existir, pues quien opte por no trabajar en la búsqueda de su propia comida se hallará, en su incapacidad por justificar que lo mantengan, simplemente muerto de hambre. Por esto, a pesar de ser un mundo de individuos libres, no deja de poseer cierta crueldad. Pero la humanidad hace mucho tiempo se dividió entre los que organizan la recolección y distribución de alimento en beneficio propio, y aquellos que tienen que ocupar todo su día y energías en buscar que comer en el tiempo más inmediato. Los que administran tienen entonces tiempo para pensar, analizar, hacer y memorizar historias, contarlas y escucharlas, incluyendo un registro de lo conocido y lo que falta por conocer. Estos son ahora los únicos seres verdaderamente libres, no solo del trabajo que consume su cotidianidad, sino libres para cultivar las artes en todas sus variantes, en fin, libres para entender lo que pasa y ajustarlo o transformarlo a voluntad. Los demás no solo han perdido la libertad que ahora tienen mis cabras y patos, sino que además, al instrumento de libertad ser ahora el conocimiento, no tener tiempo para cultivarlo y practicarlo se convierte en el sello que condena a una permanente esclavitud. Esto por supuesto no los priva de intentar explicar el mundo y sus circunstancias; la mente humana es incapaz de permanecer tranquila. Pero para quien trabaja todo el día para comer, las sofisticaciones de un complejo universo, esas que guardan los textos que acumulan los sabios privilegiados y llenos de tiempo para leerlos, le son sencillamente vedadas y su opinión, aunque defendida a capa y espada como valiosa por solo ser suya, no es más que una burla con disfraz de entendimiento, al servicio de quienes la usan para preservar el conocimiento que los acomoda. Hay quienes con su tiempo libre han entendido, pues el asunto es después de todo entender, lo injusta que es la situación de los que trabajan solo para comer, haciendo que consideren traicionar su privilegio y procurar compartir sus revelaciones con los necesitados. Pero no es fácil y con razón, pues por más que se predique la luz, esta es solo posible apreciarla con tiempo y, si para algo hay que luchar, por aquello de darle tarea a los renegados del saber, es por la reducción de trabajo de los que lo hacen para comer, y la ampliación del tiempo libre y alimento disponible, para entender los vericuetos del ser, la vida y las cosas, y así considerar, mejores y más justas manera de organizarnos.
