Everything Everywhere All at Once

Excelente exploración cinematográfica del concepto de multiversos y sus implicaciones para nuestra vida cotidiana, donde el entendimiento de que cada decisión que tomemos, en cada momento, se hace frente a una realidad que simultáneamente contiene todos los posibles caminos a seguir, en espera de nuestra acción. Las implicaciones son alucinantes, pues la idea no solo parece ponernos en control de nuestro destino, sino que también acepta una multiplicidad de mundos que no mueren en nuestro rechazo, pero que permanecen disponibles en la creación de continuidades para otras variantes de nosotros mismos. La idea es alentadora, ya que nos ofrece la oportunidad de ejercer nuestra mejor versión. Pero sorprendentemente también limitada, pues tiende a desechar las consecuencias que los actos de otros tienen sobre nuestras vidas y las formas en que moldean el terreno para obligarnos a proceder de maneras que les convengan a ellos y no a nosotros; otro “Get Out of Jail Free card” para el gran capital.

La película se salva un poco en la propuesta del amor y la bondad como la mejor de todas las estrategias para manejar la esquizofrenia frente a nuestros ojos, pero falla en criticar la idea como una continuidad del sueño cartesiano en donde el más “real” y confiable de los universos reside en nosotros mismos y en nuestra capacidad de hallarlo, desechando toda corrupta influencia que nos haya desviado del camino. En fin, el clásico yoísmo al que la modernidad nos tiene tan acondicionadnos.

El elenco de la película es extraordinario, con la siempre bella y talentosa Michelle Yeoh (Crouching Tiger, Hidden Dragon, Crazy Rich Asians, Memoirs Of A Geisha), el inconfundible James Hong (Wayne’s World 2, Chinatown) y la legendaria Jamie Lee Curtis probando una vez más su capacidad de brillar en cualquier rol.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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