
Excelente exploración cinematográfica del concepto de multiversos y sus implicaciones para nuestra vida cotidiana, donde el entendimiento de que cada decisión que tomemos, en cada momento, se hace frente a una realidad que simultáneamente contiene todos los posibles caminos a seguir, en espera de nuestra acción. Las implicaciones son alucinantes, pues la idea no solo parece ponernos en control de nuestro destino, sino que también acepta una multiplicidad de mundos que no mueren en nuestro rechazo, pero que permanecen disponibles en la creación de continuidades para otras variantes de nosotros mismos. La idea es alentadora, ya que nos ofrece la oportunidad de ejercer nuestra mejor versión. Pero sorprendentemente también limitada, pues tiende a desechar las consecuencias que los actos de otros tienen sobre nuestras vidas y las formas en que moldean el terreno para obligarnos a proceder de maneras que les convengan a ellos y no a nosotros; otro “Get Out of Jail Free card” para el gran capital.
La película se salva un poco en la propuesta del amor y la bondad como la mejor de todas las estrategias para manejar la esquizofrenia frente a nuestros ojos, pero falla en criticar la idea como una continuidad del sueño cartesiano en donde el más “real” y confiable de los universos reside en nosotros mismos y en nuestra capacidad de hallarlo, desechando toda corrupta influencia que nos haya desviado del camino. En fin, el clásico yoísmo al que la modernidad nos tiene tan acondicionadnos.
El elenco de la película es extraordinario, con la siempre bella y talentosa Michelle Yeoh (Crouching Tiger, Hidden Dragon, Crazy Rich Asians, Memoirs Of A Geisha), el inconfundible James Hong (Wayne’s World 2, Chinatown) y la legendaria Jamie Lee Curtis probando una vez más su capacidad de brillar en cualquier rol.
