Errar patrio

Mi padre me había olvidado en el hospital. Pero esto no lo vine a saber hasta que lo vi entrar por la puerta de la sala de espera, con una media sonrisa de aquí no ha pasado nada, que se esforzaba por tapar su desacierto. Ya me extrañaba que habían pasado casi dos horas y no bajaba del cuarto donde estaba internada la bisabuela. En el camino no dijimos nada; como de costumbre. Pero al llegar a la casa de mi abuela, todo pasa a un recuento público y al análisis de lo sucedido. Así era mi abuela que, aunque madre de mi padre, no conocía el silencio. Yo narré todo desde mi ángulo de niño y mientras lo hacía, notaba como el terror de haber sido olvidado, se me trepaba por las piernas, de manera tardía. Cerré mi relato oral con un comentario entonado a lo familiar, a como mis tíos y todos ellos relataban la vida: “y yo allí, esperando como un zángano”. Hoy, cincuenta y cinco años después recuerdo la escena, provocado quizás por la insistencia isleña de jamás reconocer un error. Mejor morir o en todo caso, virar la tortilla ensayando un chiste. “Cada cual espera como lo que es”, replicó mi padre.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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