
¿Quién limpia el polvo
sobre las bibliotecas
del majestuoso trasfondo
en fotografías de profesores
intelectuales y escritores?
Quizá seamos iguales
despolvándola ocultos
en imágenes de exótica rareza.
Difícil y a la vez deleitosa
quisiera fuera bianual
y en ocasiones es
de hollín y lagartijos
irrespetando calendarios.
Alérgico a la polvadera
agotado de telaraña
han ofrecido ayudarme.
Sorpresa de preguntadores
la firmeza de mi rechazo.
Conjeturar que alguien
— con buenas intenciones —
acaricia con paño húmedo mis libros
o peor
horror de horrores
altere el orden
con tanta insensibilidad
como para desalinearlos
fuera del borde exacto de la tablilla
me produce taquicardia
y dolores de cabeza.
Peccata minuta
La fortaleza de la razón
está en el placer de revisar
uno por uno los textos.
Ritual de la frecuencia
exterminador de estancamientos
generador supremo de lecturas
génesis de mis escritos
permanente almanaque de la limpieza.
Un despliegue de u cuadrada
desde el primer libro
en la izquierda superior
hasta el último
en el fondo derecho abajo
el aseo lo dilata
un sendero de clásicos
poemas
ensayos y relatos
suficientes para borrar
una conclusión
que siempre requiere
comenzar de nuevo.
